La menor oferta de hacienda presiona a la industria frigorífica
La mejora de los valores internacionales permite a las empresas exportadoras sostener sus niveles de actividad y afrontar con mayor margen una estructura de costos elevada.
(NAP) La menor disponibilidad de hacienda comienza a ejercer una presión creciente sobre la industria frigorífica, aunque con efectos muy diferentes según el destino de la producción. Mientras las empresas con fuerte inserción exportadora logran sostener e incluso incrementar su actividad, los frigoríficos más dependientes del mercado interno enfrentan una combinación cada vez más compleja de menor volumen y una demanda con escasa capacidad de absorción.
El último informe publicado por Rosgan, asegura que los datos de faena reflejan con claridad este escenario. Entre enero y agosto, la industria frigorífica procesó 8,13 millones de vacunos, casi un 10% menos que en igual período de 2025 y el registro más bajo para esos ocho meses desde 2014.
La diferencia entre ambos segmentos comienza a ser significativa. Si bien no existen estadísticas oficiales que permitan determinar con precisión el destino de la producción de cada establecimiento, la nómina de empresas adjudicatarias de cupos de exportación de la Cuota Hilton 2026/27 permite aproximar su comportamiento.
Las exportadoras
Las 44 firmas que recibieron cupos bajo la categoría “industrias” faenaron en los primeros ocho meses del año 3,19 millones de cabezas, frente a 3,07 millones en igual período de 2025. Es decir, incrementaron su actividad un 4% interanual.
Por diferencia, el resto de la industria habría procesado unos 4,94 millones de animales, casi un millón menos que un año atrás, con una caída cercana al 17%.
La brecha también se observa en los valores de colocación. El mercado internacional atraviesa un escenario particularmente favorable, con precios muy superiores a los de un año atrás. En agosto, el valor promedio del producto exportado alcanzó los USD 5.556 por tonelada, un 26% más que en igual mes de 2025.
La mejora de los valores internacionales permite a las empresas exportadoras sostener sus niveles de actividad y afrontar con mayor margen una estructura de costos elevada.
El panorama es muy diferente en el mercado doméstico. El precio de la carne vacuna en los mostradores lleva cinco meses prácticamente sin aumentos y evoluciona claramente por debajo de la inflación.
Según el INDEC, el valor promedio de los cuatro cortes de carne vacuna relevados se ubicó en agosto en $18.533 por kilo, con un incremento nominal del 16% en lo que va del año, frente a una inflación acumulada del 33,5%.
En un contexto de costos crecientes, la carne vacuna encuentra así dificultades cada vez mayores para trasladar esos aumentos al consumidor.
Detrás de esta dinámica aparece como factor central el deterioro del poder adquisitivo. El incremento de los gastos en servicios y otros consumos básicos obliga a los hogares a restringir determinados gastos o buscar alternativas de menor precio.
En el mercado de carnes, este proceso resulta evidente. Parte del consumo que pierde la carne vacuna es absorbido por el pollo y el cerdo, productos que funcionan como sustitutos de menor precio. De esta manera, los más de 4,5 kilos de consumo per cápita que dejó de abastecer la carne vacuna durante el último año encuentran una compensación parcial en otras proteínas animales.
Oferta limitada
Por eso, aun con una oferta de carne vacuna más limitada, los precios internos encuentran dificultades para reaccionar en la misma magnitud.
Por el lado de los costos de abastecimiento, el valor de la hacienda en pie se mantuvo relativamente estable en las últimas semanas e incluso registró algunos retrocesos durante el último mes. Esto brindó cierto alivio a la operatoria de los frigoríficos, especialmente a los orientados al mercado interno.
Sin embargo, aun si la relación de compra-venta mejora durante el próximo mes, difícilmente alcance por sí sola para revertir el deterioro provocado por los elevados costos de estructura y los bajos niveles de actividad.
Más allá de la coyuntura, el escenario proyectado para los próximos años plantea un desafío adicional: una oferta ganadera limitada frente a una demanda internacional que mantiene un fuerte dinamismo.
En este contexto, la exportación tenderá a ganar participación en el destino de la producción argentina. El proceso ya comenzó a reflejarse en los datos: durante los primeros ocho meses del año, las exportaciones absorbieron el 30% de la carne producida, frente al 25,8% registrado en igual período de 2025, con una tendencia creciente en los últimos meses.
El cambio obliga a repensar la estructura de la industria y avanzar en las adecuaciones necesarias, tanto en infraestructura como en materia reglamentaria, para adaptar el sistema frigorífico a una realidad productiva y comercial que ya comenzó a cambia(Noticias AgroPecuarias)






