El drama de los productores de La Plata
Aseguran que hoy trabajan a pérdida porque insumos atados al dólar y un consumo interno devastado, denuncian que la brecha de precios los obliga a desechar mercadería de forma diaria.
(NAP) La maquinaria de un tractor se enciende antes de que aclare en los campos de Melchor Romero. Para la mayoría de los habitantes del casco urbano platense, las verduras que llegan a la mesa son una constante cotidiana. Sin embargo, pocos kilómetros hacia la periferia, el motor que alimenta a gran parte del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) no está regulando como se debe.
El cordón hortícola de La Plata, uno de los más grandes y productivos del país, atraviesa una de las crisis más severas de su historia, atrapado por el desplome del consumo interno y una disparada de costos de producción desregulados que empuja a los productores al abismo, contó el diario El Día de La Plata.
Quienes ponen el cuerpo a la tierra describen un panorama de “efecto dominó”: la falta de poder adquisitivo en la calle frena las ventas, la mercadería se pudre en los camiones y los insumos más básicos se vuelven una ostentación prohibitiva.
En este escenario, el semblante del trabajo en las afueras de La Plata está cambiando de raíz. Las quintas se achican, las changas desaparecen y la agricultura familiar se repliega sobre sí misma como único mecanismo de supervivencia frente a la apertura de importaciones que amenazan con desmantelarlos.
Insumos petrolizados y la trampa que les tienden a los productores
Para producir en el campo platense ya no basta con mirar al cielo esperando el clima ideal. El impacto de la desregulación económica golpeó de lleno en los costos fijos de las quintas de barrios platenses como Melchor Romero, Abasto, El Peligro y Lisandro Olmos.
Salvador Vides es de origen boliviano y produce hortalizas en la región desde hace 30 años. En su hectárea y media cultiva acelga, brócoli, perejil, cilantro, puerro y cebolla de verdeo. Su diagnóstico sobre el impacto de las políticas actuales en la matriz de costos es letal: “El combustible es el insumo que más aumentó. Para mover un tractor, tener energía eléctrica y todos los fertilizantes necesitamos la producción petrolera. Al ser derivados del petróleo también han subido. Todo se incrementó a partir de los costos de transporte”.
“Se hace difícil. Por ejemplo, el polietileno, el fertilizante y muchas de estas cosas son derivados del petróleo y la brillante idea del gobierno actual fue atar el petróleo a los precios internacionales y no diferenciarlo. Por eso, no hay forma de podernos proteger de esa situación”, explicó con resignación.
Por su parte, Isabel Palomo produce el cultivo insignia de la región, el tomate platense, desde 1989. A fines de la década de los ochenta logró comprar una porción de tierra en Colonia Urquiza, en la zona rural de Melchor Romero. Aunque cuenta con el enorme beneficio de ser dueña de su suelo, el aumento de las tarifas no la deja respirar: “Yo soy dueña de tierra por lo que zafo de la gran problemática de los alquileres. Pero la situación está muy difícil para todos. La luz está carísima y acá en la quinta se usa trifásico. También el tema combustible para preparar tierra y los tractores cobran ahora muy caro”.
A esto se le suma la imposibilidad de sostener las inversiones lógicas de cada inicio de ciclo hortícola, donde la brecha entre el productor que genera sus propios recursos y el que debe comprarlos comercialmente ensancha la desigualdad en el sector. “También el tema es la complejidad de comprar semilla, aunque yo hago agroecología. Hay diferencia entre el que compra las semillas y el que las hace”, remarcó Palomo.
El dolor de cosechar y tener que tirar todo a la basura
El síntoma más cruel e indiscutible de la crisis económica se observa por las madrugadas en los diferentes mercados de la región. No hay falta de oferta, pero la verdura sobra porque el bolsillo del consumidor está devastado. Esto genera un quiebre en la cadena de comercialización, donde el esfuerzo de meses de trabajo termina tirado en una zanja o rematado a precios que resultan insultantes para quienes ponen el cuerpo bajo el nylon de los invernaderos.
“La situación está tremendamente difícil. Muchos productores no pueden pagar alquiler, la verdura no se está vendiendo. Cuando no hay plata en la gente no se vende nada, es un efecto dominó”, dejó en claro Palomo.
El tomate: un cultivo golpeado por la importación
La producción de tomate en el casco de La Plata exige una logística y un esfuerzo físico muy particular en comparación con otros cultivos. Sin embargo, la estacionalidad de la zona y las políticas de importación destruyen la previsibilidad del negocio.
“Respetamos las estaciones de cada producción, pero sí está entrando el tomate de afuera y me dijeron que está carísimo. Nosotros no tenemos esa suerte de poder producir porque ahora acá hace frío. En verano llegó a valer 3000 pesos el cajón de tomate, pero con eso no cubrís nada, ningún gasto”, detalló Palomo sobre los bajísimos márgenes comerciales que manejaron en la temporada alta.
A la falta de precios competitivos se le suma el alto costo operativo que requiere levantar la cosecha de este fruto. “Además, al ser un producto pesado necesitás tener hombres trabajando en la quinta porque cuesta mucho cosechar tomate por el tema que es muy pesado, costoso y hay que pagar embaladores. El tomate y la lechuga por ahí vale un día caro y después baja justamente porque entra producción de otro lado”, puntualizó la productora local.(Noticias AgroPecuariAS)
FUENTE: diario El Día de La Plata








