El negocio mundial de la soja cambió y Argentina busca aprovechar su ventaja industrial
En el Seminario Acsoja 2026, especialistas coincidieron en que el crecimiento de la demanda de aceites para biocombustibles está redefiniendo el negocio mundial.
(NAP) Durante años, el mercado mundial de la soja giró alrededor de las compras de China, pero hoy esa lógica empezó a cambiar por la de la creciente demanda mundial de aceites vegetales para producir biocombustibles.
En este escenario, también las inversiones industriales en Estados Unidos y Brasil y un escenario geopolítico cada vez más complejo están reconfigurando el negocio global.
Ese fue uno de los principales mensajes que dejó el panel “Soja bajo la lupa: perspectivas de mercado y gestión comercial”, realizado durante el Seminario ACSOJA 2026, donde María Sol Arcidiácono (Hedgepoint Global Markets) y Javier Treboux (FyO) analizaron cómo esos cambios impactan sobre las oportunidades de la cadena sojera argentina.
El aceite, en el centro de la escena
Para Arcidiácono, el cambio más profundo no pasa por una mayor producción de soja, sino por el creciente valor estratégico del aceite.
Los programas de biocombustibles implementados en Indonesia, Brasil y Estados Unidos impulsaron una fuerte expansión de la molienda y sostienen una demanda de aceites vegetales que mantiene ajustados los stocks internacionales y fortalece los precios.
“Estamos frente a un cambio estructural. La molienda sigue creciendo y, aun así, los stocks de aceite continúan ajustados”.
En ese escenario, Argentina parte de una posición privilegiada gracias a contar con uno de los complejos de procesamiento de soja más eficientes del mundo. Sin embargo, mientras Estados Unidos y Brasil ampliaron rápidamente su capacidad industrial en los últimos años, la molienda argentina permanece prácticamente estancada desde hace más de una década, pese a disponer de una importante capacidad instalada sin utilizar.
China ya no compra como antes

Ramiro Corta (moderador), Arcidiácono, Iván Dalonso (de A3 Mercados) y Treboux.
Otro de los cambios destacados fue el nuevo comportamiento de China. Según explicó Arcidiácono, el principal importador mundial dejó atrás la lógica de acumular soja por temor a problemas de abastecimiento y pasó a realizar compras mucho más oportunistas, aprovechando los momentos en que los precios y los márgenes de procesamiento le resultan favorables.
Esa mayor flexibilidad es posible gracias a los elevados stocks que logró acumular durante las últimas campañas, principalmente a partir de las abundantes cosechas brasileñas.
¿Y por casa?
Al trasladar el análisis al mercado argentino, Javier Treboux explicó que la comercialización de la cosecha avanza al ritmo más lento de los últimos años.
Las lluvias registradas durante abril demoraron la cosecha y concentraron el ingreso de mercadería en pocas semanas. Sin embargo, el principal motivo de la menor venta fue financiero.
Según el especialista, muchos productores llegaron a esta campaña con mayor disponibilidad de fondos gracias a las ventas previas de trigo, maíz y girasol, lo que redujo la necesidad de desprenderse rápidamente de la soja.
A ese escenario se sumaron los altos costos logísticos durante la cosecha y la expectativa generada por una eventual modificación del esquema de derechos de exportación.
Para Treboux, el anuncio oficial de una reducción gradual de las retenciones aportó previsibilidad y podría traducirse en una mayor dinámica comercial durante la segunda mitad del año.
Una oportunidad que depende de la competitividad
Como conclusión del panel, los especialistas coincidieron en que la transformación del mercado internacional ofrece una oportunidad para que Argentina recupere protagonismo en la industrialización de la soja.
El desafío, señalaron, pasa por aprovechar la capacidad instalada del complejo aceitero y generar condiciones que permitan competir con países que en los últimos años impulsaron fuertes inversiones para abastecer la creciente demanda mundial de aceites destinados a biocombustibles.








