Lechería: la eficiencia ‘tranqueras adentro’ ya no alcanza para sostener la competitividad
Un informe técnico plantea que la vulnerabilidad de la leche y los largos ciclos biológicos del tambo obligan a un nuevo modelo de contratos y articulación con la industria.
(NAP) Durante décadas, el debate en el sector lácteo argentino pareció encapsulado en dos discusiones paralelas: cómo lograr que el productor sea más eficiente “tranqueras adentro” y cómo optimizar los procesos industriales “puertas adentro” de la fábrica.
Sin embargo, los desafíos del mercado actual están forzando un cambio radical de enfoque. Un reciente informe del ingeniero agrónomo del Inta, Miguel Taverna, presentado en TodoLactea, apuntó que la competitividad ya no depende de esfuerzos individuales, sino de la capacidad de articulación y coordinación contractual entre la producción y la industria.
La cadena de valor láctea es, por naturaleza, uno de los entramados agroindustriales más complejos del plano económico debido a sus particularidades biológicas y físicas. El informe desglosa los factores estructurales que hacen que la relación entre ambos eslabones requiera un “nuevo pacto” estratégico para no perder terreno frente a competidores globales.
-Un producto hiper-perecedero: El documento señala que la leche posee características que condicionan severamente la negociación comercial. Al ser un producto con una perecederidad extrema (debe procesarse idealmente dentro de las 48 horas de ordeño), el productor no puede “stockear” su producción a la espera de mejores precios, lo que genera una vulnerabilidad intrínseca.
-A esto se le suman dos componentes críticos: inversiones hundidas y específicas: Tanto la instalación de un tambo tecnológico como el montaje de una planta de secado de leche en polvo o quesería requieren altísimos capitales que no pueden reconvertirse fácilmente hacia otra actividad. Ambos eslabones están “condenados” a entenderse.
-Ciclos biológicos extensos: Desde que un productor decide retener una ternera hasta que esa vaca entra en ordeño y genera volumen pasan aproximadamente 26 meses. Esta lentitud biológica choca con la volatilidad inmediata de los precios de los mercados internacionales.
-Reacciones asimétricas ante los precios: uno de los puntos del análisis apuntó a ver cómo reacciona la producción primaria ante los vaivenes del negocio. El comportamiento del tambero suele ser asimétrico: cuando los precios internacionales o internos suben, el estímulo es inmediato: se incrementa la alimentación con concentrados y se retienen vientres para aumentar el volumen rápidamente.
Sin embargo, cuando el precio cae, la respuesta primaria es tardía. Debido a los altos costos fijos de la estructura del tambo, el productor muchas veces opta por producir más leche en el corto plazo para intentar licuar esos costos y mantener el flujo de caja. Esta reacción, aunque lógicamente comprensible a nivel microeconómico, termina sobreabasteciendo el mercado en momentos de baja demanda, deprimiendo aún más los precios de la cadena.
Hacia la captura de valor conjunta
Frente a un escenario donde la atomización de los productores (miles de pymes tamberas) se enfrenta a una industria más concentrada, la falta de transparencia o la ausencia de mecanismos contractuales claros solo generan desconfianza y destrucción de valor.
En este orden Taberna concluye que las cadenas lácteas más exitosas del mundo no son aquellas que tienen los campos más grandes o las fábricas más modernas de forma aislada, sino las que logran sistemas integrados de gestión (con herramientas que aportan previsibilidad, como los esquemas de pago por calidad y composición, o contratos de mediano plazo).
En el resumen, el especialista remarcó que la articulación ya no es una opción de buena voluntad corporativa: es el único camino científico y comercial para garantizar la sustentabilidad social, económica y ambiental de la lechería argentina. (Noticias AgroPecuarias)








