Brasil capitaliza la disputa entre EEUU y China por nuevos minerales estratégicos

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La competencia para asegurarse el suministro para la IA, la electrificación y las tecnologías militares está impulsando inversiones mineras ¿Y Argentina?

(NAP) Brasil se convirtió en uno de los principales beneficiarios de la disputa entre Estados Unidos y China por el control y el abastecimiento de minerales estratégicos, debido a que la competencia entre ambas potencias está impulsando inversiones en el sector minero brasileño, en particular en proyectos vinculados con las tierras raras y otros recursos necesarios para el desarrollo tecnológico.

La estrategia de Washington apunta a construir una posición relevante en el mercado de tierras raras. En septiembre, USA Rare Earth, una compañía que cotiza en bolsa y en la que participa el Gobierno estadounidense, adquirió Serra Verde, considerada la única productora fuera de Asia de cuatro de las tierras raras más escasas.

La empresa ya desembolsó US$ 2.800 millones para concretar la operación. A ese monto se sumaría un paquete de inversiones impulsado por el Departamento de Guerra y un préstamo de la Corporación Financiera de Desarrollo, que llevaría la participación estadounidense a casi US$ 5.000 millones.

China, por su parte, mantiene una estrategia de inversión más amplia. Durante el último año, las empresas del país asiático destinaron alrededor de US$ 6.000 millones a Brasil, más que a cualquier otro país. Un tercio de ese monto se dirigió a proyectos mineros vinculados con la producción de níquel, cobre y oro.

La coincidencia de intereses de las dos potencias coloca a Brasil en una posición favorable para captar capitales y acelerar el desarrollo de sus recursos minerales. La disputa también muestra que los países que cuentan con yacimientos disponibles o proyectos que pueden reactivarse con relativa rapidez tienen una ventaja en la carrera por asegurar el suministro.

La disputa entre Estados Unidos y China también abre una oportunidad para la Argentina, que cuenta con recursos de tierras raras identificados por el Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar). Un relevamiento del organismo estimó en 190.395 toneladas los recursos conocidos en el país y detectó yacimientos en Salta, Jujuy, San Luis, Santiago del Estero y Córdoba. También identificó indicios aún no evaluados en el distrito de Valle Fértil (foto), en San Juan. Estos elementos son utilizados en la fabricación de imanes de alta potencia, motores de vehículos eléctricos, generadores eólicos y otros componentes tecnológicos.

Sin embargo, el potencial geológico todavía debe convertirse en proyectos económicamente viables. La Argentina no cuenta con producción comercial de tierras raras y necesita profundizar la exploración, actualizar la información geológica y atraer inversiones para determinar la magnitud y calidad de sus depósitos. En febrero de 2026, Salta firmó un convenio con la empresa estadounidense American Minerals para realizar estudios preliminares sobre el potencial provincial. El acuerdo muestra que el interés internacional también comienza a llegar al país, aunque todavía se encuentra en una etapa de evaluación.

Una competencia que trasciende a Brasil

La República Democrática del Congo y Kazajistán también aparecen entre los países beneficiados por esta competencia. En el primer caso, las inversiones se concentran en el cobre y el cobalto, mientras que en Kazajistán la disputa se orienta, entre otros recursos, al tungsteno, utilizado en la fabricación de armamento de alta tecnología.

En conjunto, cinco países (Congo, Kazajistán, Brasil, Zambia y Canadá) concentraron casi 80% de las inversiones mineras combinadas de Estados Unidos y China en el exterior durante el último año.

El movimiento responde a una necesidad estratégica. En mayo de 2025, China restringió las exportaciones de 7 minerales de tierras raras utilizados en la fabricación de semiconductores y armamento, una decisión que llevó a Estados Unidos a reforzar sus esfuerzos para reducir la dependencia de los suministros controlados por Pekín.

La competencia abre oportunidades para los países productores, aunque también plantea desafíos. El desarrollo de nuevos yacimientos puede demandar una década o más, y las inversiones se concentran en aquellos proyectos que ya cuentan con infraestructura, recursos identificados o posibilidades de entrar en producción en plazos relativamente cortos.

Para Brasil, la rivalidad entre las dos mayores potencias económicas se traduce en una oportunidad concreta: atraer inversiones de ambos lados y ganar relevancia como proveedor de minerales considerados críticos para las tecnologías del futuro. (Noticias AgroPecuarias)

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