La madera puede contribuir a combatir el cambio climático

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En el Día Internacional contra el Cambio Climático, Faima destacó que el carbono que los árboles capturan durante su crecimiento puede permanecer almacenado durante décadas en muebles y viviendas.

(NAP) Una mesa familiar, una biblioteca que pasa de generación en generación o las vigas de una vivienda tienen algo en común que no siempre resulta evidente: la madera con la que fueron fabricadas contiene carbono que originalmente fue capturado de la atmósfera por los árboles durante su crecimiento.

En un escenario global en el que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero se ha convertido en uno de los principales desafíos ambientales y productivos, los materiales que utilizamos cotidianamente también forman parte de la conversación climática.

Con motivo del Día Internacional contra el Cambio Climático, que se conmemora cada 24 de octubre, la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) destaca el papel que puede desempeñar la cadena forestoindustrial en la transición hacia modelos de producción y consumo más sostenibles.

La cuestión va mucho más allá de plantar árboles: comprende la gestión responsable de los recursos forestales, su transformación industrial, la fabricación de productos duraderos y las posibilidades de reutilización y reciclaje al finalizar su vida útil.

El carbono no desaparece cuando la madera es mueble 

Durante la fotosíntesis, los árboles absorben dióxido de carbono de la atmósfera e incorporan parte de ese carbono a su estructura. Cuando la madera se transforma en productos, una proporción de ese carbono permanece almacenada mientras el material se conserva. Esto significa que una puerta, un piso, una biblioteca o una estructura de madera pueden funcionar como reservorios de carbono durante su vida útil.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce el potencial de los productos de madera para contribuir a la mitigación del cambio climático mediante el almacenamiento de carbono, la sustitución de determinados materiales de mayor intensidad de emisiones y la extensión de la vida útil de los productos a través de la reutilización y el reciclaje.

El beneficio depende, entre otros factores, del origen de la materia prima, de las condiciones de producción, de la duración de los productos y de su destino final. Desde esta perspectiva, la durabilidad deja de ser solamente una cualidad funcional o estética: también adquiere relevancia ambiental. Un mueble que puede repararse, restaurarse y continuar utilizándose durante generaciones representa una oportunidad par a prolongar el aprovechamiento de los recursos y evitar reemplazos prematuros.

La discusión sobre los materiales adquiere especial importancia en el sector de la construcción. Según el Global Status Report for Buildings and Construction 2025–2026, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), los edificios y la construcción representan alrededor del 37% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono y casi el 50% de la extracción global de materiales. Estas cifras ponen de manifiesto la necesidad de avanzar hacia sistemas constructivos más eficientes, reducir las emisiones asociadas a los materiales y considerar el impacto ambiental de los edificios durante todo su ciclo de vida.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) reconoce que los productos de madera provenientes de bosques gestionados sosteniblemente pueden contribuir a reducir emisiones cuando reemplazan, en determinadas aplicaciones, materiales de mayor intensidad de carbono. En este escenario, las soluciones constructivas industrializadas en madera, los componentes prefabricados y los sistemas híbridos representan alternativas que merecen ser evaluadas por sus prestaciones técnicas, eficiencia en el uso de recursos y comportamiento ambiental.

En la Argentina, el desarrollo de estas tecnologías constituye uno de los campos de trabajo del Instituto de la Construcción con Madera (ICM), impulsado desde la cadena forestoindustrial para promover conocimientos, capacidades y nuevas oportunidades para el sector.

El potencial climático de la madera no puede analizarse de manera aislada de su origen.

La conservación de los ecosistemas, la protección de la biodiversidad, la gestión forestal responsable y la trazabilidad de las materias primas son condiciones fundamentales para avanzar hacia cadenas de valor más sostenibles.

En este punto, las herramientas de certificación forestal adquieren especial relevancia. Sistemas internacionales como PEFC promueven estándares de gestión forestal sostenible y mecanismos de cadena de custodia que permiten verificar el recorrido de los materiales certificados a través de sus distintas etapas de transformación y comercialización.

La certificación no significa que cualquier producto tenga automáticamente una huella de carbono nula, pero aporta herramientas para respaldar su origen responsable y fortalecer la transparencia de la cadena de suministro. Para FAIMA, este enfoque permite vincular la dimensión ambiental con la actividad industrial, la innovación, la generación de valor agregado y las oportunidades de desarrollo de las economías regionales.

La mportancia del orden responsable

El debate internacional sobre acción climática está incorporando cada vez más el papel de los materiales renovables, los productos de larga duración y los modelos de economía circular.

En junio de 2026, la FAO publicó un nuevo trabajo técnico dedicado al papel de los productos de madera industrializada en la transición hacia una bioeconomía, con especial atención a su potencial para contribuir a la mitigación del cambio climático.

La discusión incluye aspectos que atraviesan a toda la industria: cómo aprovechar mejor la materia prima, cómo reducir desperdicios, cómo extender la vida útil de los productos y cómo desarrollar soluciones capaces de responder a las necesidades de una sociedad que demanda cada vez más recursos. En este contexto, la cadena maderera argentina tiene l a oportunidad de fortalecer su participación en una transformación productiva que combina desarrollo industrial, conocimiento tecnológico y responsabilidad ambiental.

La acción climática no depende únicamente de cómo producimos energía o de cómo nos transportamos. También está vinculada con los materiales que elegimos, los productos que fabricamos y el tiempo durante el cual los utilizamos. Desde una mesa familiar hasta una vivienda, la madera puede formar parte de esa transformación cuando proviene de fuentes responsables, se utiliza eficientemente y se integra a estrategias de producción y consumo sostenibles. Porque el futuro de la acción climática también se construye —y se fabrica— con las decisiones que tomamos hoy.(Noticias AgroPecuarias)

 

 

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