Tomate de árbol: un fruto nativo de las Yungas con potencial para una producción de escala

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Un trabajo de Inta estudió las características y posibilidades de cultivo de una especie nativa del NOA que todavía tiene una presencia comercial reducida.

(NAP) El tomate de árbol o chilto (Solanum betaceum) es un fruto nativo de las Yungas que conserva un espacio reducido en la agricultura argentina, pero que presenta características para convertirse en una alternativa productiva y comercial en el Noroeste.

Un trabajo de Inta de San Pedro (Jujuy) publicado en 2019 por Sebastián Buono, Guadalupe Abdo, Valeria Hamity, Carlos Ansonnaud y Mariana Ferreyra estudió el tomate árbol y sus posibilidades de cultivo, uso y conservación en el NOA. Se recopiló información sobre su origen, características, manejo agronómico, usos y potencialidades, además de relevar poblaciones silvestres y cultivadas en Salta y Jujuy. En total fueron identificadas 31 poblaciones: 8 en Salta y 23 en Jujuy.

Actualmente, en Argentina el cultivo se encuentra principalmente en huertas familiares, mientras que la producción comercial está desarrollada en países como Colombia, Ecuador, Perú, India, Portugal, Kenia, Sudáfrica y Nueva Zelanda, donde se lo comercializa bajo el nombre de tamarillo.

El fruto puede comercializarse fresco y también utilizarse como materia prima para dulces, mermeladas, jaleas, jugos, conservas y productos congelados.

En Salta y Jujuy ya existen experiencias de elaboración artesanal y pequeñas plantaciones, aunque la comercialización continúa siendo mayoritariamente informal.

El tomate de árbol tiene además características que pueden favorecer su diferenciación: los frutos pesan entre 40 y 80 gramos, presentan distintos colores —amarillo, rojo y morado— y una pulpa jugosa de sabor agridulce.

Desde el punto de vista agronómico, el trabajo señala que la especie se adapta especialmente a ambientes templados, con temperaturas óptimas de entre 14 y 20 °C, precipitaciones de 600 a 1.200 milímetros anuales y suelos bien drenados. Las plantas obtenidas de semilla comienzan a producir entre los 12 y 14 meses posteriores al trasplante.

El potencial, sin embargo, está asociado a un desarrollo cuidadoso. El tomate de árbol forma parte de la biodiversidad de las Yungas y el estudio destaca la necesidad de conservar su variabilidad genética y continuar evaluando su comportamiento productivo.

La especie también aparece caracterizada en el trabajo como vulnerable en estado silvestre, por lo que la expansión productiva debería apoyarse en material cultivado y en sistemas de manejo que preserven las poblaciones naturales, antes que en una extracción creciente del monte.

Así, el chilto aparece como una alternativa todavía incipiente, pero con una combinación poco frecuente: es un recurso nativo, tiene usos alimentarios diversos y ya cuenta con experiencias comerciales en otros países.

El desafío para el NOA es transformar ese potencial en una cadena productiva sin perder el valor ambiental y genético de la especie. (Noticias AgroPecuarias)

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