La brecha de rendimiento en el girasol argentino es de 34%
En el Congreso de Asagir se aseguró que el porcentaje puede achicarse con manejos como la fertilización, fecha de siembra y SD, y con tecnología (cultivares CL).
(NAP) En el marco del Congreso de Asociación Argentina de Girasol, que se desarrolla en Mar del Plata, el especialista Ignacio Rodríguez, de la empresa Limagrain, presentó un análisis detallado sobre las brechas de rendimiento en girasol en Argentina y los factores de manejo que más inciden en su reducción.
Según el trabajo, basado en datos de la Red de Evaluación de Tecnologías Agrícolas (RETAA), la brecha de rendimiento del girasol en Argentina alcanza 34% respecto al potencial en condiciones de secano. Este valor es comparable al de la soja, pero inferior al observado en cultivos como maíz y trigo.
El enfoque del estudio combinó una amplia base de datos con técnicas estadísticas de árboles de regresión, que permitieron identificar qué prácticas agronómicas explican mejor esas diferencias productivas.
Rodríguez explicó que las prácticas se agruparon en 4 grandes ejes: labranza; estructura del cultivo; nutrición y protección.
Entre las variables evaluadas se incluyeron sistema de labranza (siembra directa vs. convencional), tipo de cultivar (Clearfield, alto oleico), densidad de siembra, fertilización con fósforo y nitrógeno, y controles químicos.
En nutrición y sistema de manejo, los resultados muestran que la fertilización con nitrógeno y fósforo aparece de manera consistente entre los factores más relevantes para explicar la brecha en todas las regiones analizadas. En particular:
La fertilización adecuada puede incrementar los rindes hasta en 800 kg/ha. El nitrógeno, aún poco adoptado en girasol, tiene un rol clave.
El sistema de labranza también resultó determinante en varias zonas, donde la siembra directa (SD) se asoció a menores brechas, posiblemente por una mejor conservación del agua en el suelo.
Elección de cultivares y control de malezas
El tipo de cultivar fue otro factor relevante. Los materiales con tecnología CL mostraron mejores desempeños en los análisis, lo que podría estar vinculado a un control más eficiente de malezas, aunque esta relación no pudo comprobarse completamente con las variables disponibles.
En cambio, algunas prácticas de protección, como aplicaciones específicas de herbicidas o fungicidas, tuvieron menor peso relativo en la explicación de las brechas.
La fecha de siembra también tuvo impacto en rendimiento y calidad. Rodríguez apuntó que retrasar la siembra reduce el rendimiento y el contenido de aceite en condiciones generales. Sin embargo, en ambientes con limitaciones hídricas —como suelos someros del sudeste bonaerense— las siembras tardías pueden mejorar los rindes al aprovechar mejor el agua disponible.
Otro hallazgo relevante fue la identificación de situaciones donde la fertilización no genera respuesta, principalmente los ambientes de bajo potencial productivo; los suelos con alta disponibilidad inicial de nitratos; y lotes con alto contenido de materia orgánica.
En las conclusiones, el ingeniero agrónomo de LG repasó:
-La brecha de rendimiento del girasol en Argentina es significativa (34%) pero reducible.
-La nutrición (N y P) y la siembra directa son prácticas centrales para achicarla.
-La elección de cultivares, especialmente CL, contribuye a mejorar resultados.
-La fecha de siembra debe ajustarse según el ambiente, especialmente en condiciones de limitación hídrica.
Rodríguez cerró afirmando que es fundamental fortalecer bases de datos de calidad y validar los resultados con ensayos a campo en cada región. (Noticias AgroPecuarias)








