Tres décadas de actividad agropecuaria: avances, estancamientos y cambios de reglas
La BCR analizó la evolución del Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria desde 1993 hasta hoy, con 3 grandes períodos que marcan la historia reciente.
(NAP) La Bolsa de Comercio de Rosario trazó un recorrido por tres décadas de desempeño del sector agropecuario argentino a través del Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria, un indicador que revela cómo la innovación tecnológica, los cambios estructurales, los vaivenes macroeconómicos y las reglas de juego inestables se combinaron para moldear la evolución productiva del agro argentino.
1er período (1993–2002): auge tecnológico y expansión agrícola
Durante los años ’90, el agro argentino atravesó una etapa de crecimiento sostenido, con un aumento promedio mensual del 0,5% en el IACA. La expansión se apoyó en tres pilares principales: la adopción masiva de organismos genéticamente modificados, la siembra directa y la irrupción del silo bolsa.
La combinación de semillas resistentes, prácticas de conservación de suelos y un sistema flexible de almacenamiento permitió ampliar la frontera agrícola y mejorar la eficiencia productiva. Paralelamente, el dragado y concesionamiento de la hidrovía del Paraná impulsó inversiones industriales y redujo costos logísticos, fortaleciendo la competitividad exportadora.
En materia tributaria, los derechos de exportación fueron eliminados para la mayoría de los productos, salvo la soja y el girasol. Sin embargo, la década también estuvo marcada por un atraso cambiario y bajos precios internacionales que afectaron a pequeños y medianos productores. Hacia el final del período, la crisis de 2001 devolvió las retenciones y reconfiguró el escenario.
2do período (2003–2007): precios récord y auge productivo
En la primera parte de los 2000, el IACA mostró un crecimiento aún más intenso, con un avance mensual del 0,8%. El agro se benefició de precios internacionales históricamente altos y de un tipo de cambio competitivo. Fue la época del “boom de la soja”, motor de una fuerte expansión de superficie y riqueza en la región núcleo.
El período también vio la consolidación de esquemas de producción a gran escala, nuevos modelos de gestión y una expansión de la frontera agrícola hacia el norte. Sin embargo, a partir de 2005 se reinstalaron retenciones más altas, controles de precios y crecientes restricciones a las exportaciones de carne, trigo, maíz y lácteos, lo que generó crecientes tensiones con el sector.
3er período (2008–actualidad): estancamiento, restricciones y volatilidad
Desde 2008, el IACA muestra un crecimiento prácticamente nulo, con una variación mensual promedio del 0,07%. El punto de quiebre fue la Resolución 125, que provocó una paralización del comercio de granos por 120 días y marcó el inicio de un ciclo de mayor intervención estatal: ROE para carnes y granos, incrementos de retenciones y mayores controles al comercio exterior.
Este entramado, sumado a sequías históricas —como las de 2008/09, 2017/18 y, sobre todo, la de 2022/23, que recortó 50 Mt de granos— provocó caídas drásticas en la actividad del sector: 27,4% entre 2008 y 2009 y más del 31% entre 2021 y 2023.
El período también estuvo marcado por cambios constantes en los regímenes de retenciones, programas de dólar diferencial, restricciones comerciales y regulaciones sobre el mercado cambiario. En los últimos años, la eliminación de los volúmenes de equilibrio, la flexibilización del tipo de cambio para exportadores y la baja temporal de retenciones modificaron nuevamente el marco operativo.
Conclusión: una actividad condicionada por la volatilidad doméstica
Para la Bolsa de Comercio de Rosario, la historia reciente del agro argentino muestra ciclos de fuerte crecimiento cuando predominan la innovación y la estabilidad, y etapas de estancamiento cuando las políticas económicas y comerciales se tornan restrictivas o inestables.
En tres décadas, la actividad del sector estuvo atravesada por decisiones que favorecieron —o limitaron— la inversión, la competitividad y la adopción tecnológica. En ese contexto, el IACA funciona como un espejo: un indicador capaz de sintetizar cómo la inestabilidad macroeconómica y regulatoria afecta la producción, la rentabilidad y la capacidad de expansión del agro argentino. (Noticias AgroPecuarias)










