La histórica firma Frigorífico General Pico formalizó su ingreso a concurso de acreedores
Tras meses de deterioro financiero y caída de la actividad, el frigorífico del creador de Paty enfrenta un proceso por más de $40.000 millones.
(NAP) El frigorífico General Pico, ligado al origen de la marca Paty, entró en concurso preventivo de acreedores en medio de una profunda crisis económica y operativa que arrastra desde hace meses.
La empresa se presentó ante la Justicia con un pasivo que supera los $40.000 millones, compuesto por más de 1.100 cheques rechazados y una fuerte deuda bancaria, según registros oficiales.
La decisión llegó luego del fracaso de las negociaciones con inversores que buscaban capitalizar la compañía y evitar el colapso. Desde la firma señalaron además conflictos con un grupo financiero que actúa como accionista y acreedor, al que responsabilizan por trabar alternativas de rescate.
El deterioro no fue repentino. Durante los últimos meses, la empresa ya había reducido drásticamente su actividad, suspendido alrededor de 450 trabajadores y operado con niveles mínimos de faena.
La caída del negocio cárnico, con menor consumo interno y dificultades en exportaciones, terminó de impactar en la estructura financiera, dejando a la compañía sin margen operativo.
Etapa judicial
Con el concurso preventivo, la empresa busca ordenar su situación financiera, sostener la operación y preservar los puestos de trabajo, en un contexto de fuerte tensión con acreedores, según información de Ambito.com.
La compañía informó la decisión a través de un comunicado firmado por Ernesto “Tito” Lowenstein y Alan Lowenstein, presidente y vicepresidente de la sociedad, donde reconoció que las conversaciones abiertas con un grupo empresario europeo no terminaron en acuerdo y dejaron a la firma sin margen para seguir estirando la definición.
En ese texto, la empresa planteó que la presentación judicial busca “blindar de la mejor manera posible la continuidad de la empresa, preservar las fuentes de trabajo y encauzar de forma ordenada su situación financiera”.
El contraste con su escala reciente expone la magnitud del derrumbe. Hasta hace no mucho, la empresa había llegado a faenar unas 600 cabezas diarias y proyectaba incluso escalar hasta 800 animales por día. Todavía durante el último año había procesado más de 96.000 cabezas, una dimensión que la ubicaba como un actor relevante dentro del mapa frigorífico pampeano. Pero ese volumen empezó a desarmarse a medida que se agotó el financiamiento y se trabó la operatoria.
En el tramo final de la crisis, la faena cayó a niveles cercanos a 50 animales diarios, un volumen completamente insuficiente para sostener una estructura industrial de ese tamaño. Con ese nivel de actividad, la empresa ya no lograba cubrir costos fijos, salarios, mantenimiento ni compromisos corrientes. El frigorífico quedó así atrapado en una lógica de deterioro clásico: cuanto menos operaba, más se encarecía sostenerlo; y cuanto más se encarecía sostenerlo, menos margen tenía para volver a operar.
Ahora, la continuidad dependerá de un eventual acuerdo en sede judicial y de la posibilidad de reactivar la actividad productiva.
El caso se suma a una serie de dificultades que atraviesa la industria frigorífica argentina, presionada por costos, caída de la faena y márgenes cada vez más ajustados. (Noticias AgroPecuarias)









