Los yerbateros denuncian que cobran menos de la mitad de lo que cuesta producir

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Desde el sector responsabilizan a la desregulación del mercado impulsada por el Gobierno nacional.

El presidente de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte (ACPYN), Julio Petterson, trazó un panorama alarmante y aseguró que actualmente los agricultores reciben entre 230 y 280 pesos por kilo de hoja verde puesta en secadero, cuando necesitarían cobrar al menos 630 o 640 pesos para cubrir sus costos.

“Hoy el productor trabaja a pérdida y para fundirse”, advirtió el dirigente, al describir una situación que amenaza la continuidad de numerosas explotaciones familiares en la provincia.

Según explicó, el incremento de los combustibles, la inflación y los gastos vinculados con la cosecha y el transporte ampliaron la brecha entre los costos reales y los valores que ofrece el mercado. De esta manera, los productores deben afrontar pérdidas por cada kilo comercializado, sin perspectivas inmediatas de recuperación.

La situación se agravó, según las organizaciones del sector, después de que el Gobierno nacional avanzara con la desregulación de las funciones del Instituto Nacional de la Yerba Mate (Inym), que perdió su facultad de establecer precios mínimos de referencia para la materia prima.

Petterson cuestionó duramente esa decisión y consideró que el nuevo esquema representa un golpe determinante para la supervivencia de los pequeños agricultores, que quedaron expuestos a la negociación directa con los grandes compradores.

Cuestionamientos a los grandes molinos

Para el titular de ACPYN, los principales beneficiarios del actual funcionamiento del mercado son los grandes molinos y acopiadores, que concentran buena parte de la comercialización y cuentan con mayor capacidad para imponer condiciones de compra.

El dirigente denunció que esos actores retienen diferencias económicas extraordinarias, mientras los pequeños agricultores absorben el impacto de los menores precios y los mayores costos.

La situación presenta, además, una contradicción que preocupa a las organizaciones rurales: mientras el consumo interno y las exportaciones muestran señales de crecimiento, esa mejora comercial no se refleja en los ingresos de quienes producen la materia prima.

Desde el Gobierno nacional, en cambio, defienden el esquema de libre mercado y destacan la reducción de los precios al consumidor y el incremento de las ventas externas como resultados positivos de la desregulación.

Sin embargo, los productores sostienen que esos indicadores no alcanzan para evaluar la situación de una actividad que constituye uno de los principales motores económicos y sociales de Misiones.

Petterson también vinculó el comportamiento del consumo con las dificultades económicas que atraviesan numerosas familias argentinas. Según planteó, la yerba mate se convirtió en algunos hogares vulnerables en un sustituto ocasional de comidas, debido a su capacidad para reducir momentáneamente la sensación de hambre.

En este escenario, las asociaciones yerbateras advierten que, sin una recuperación de los precios que reciben los agricultores, continuará el deterioro de las economías familiares y crecerá el riesgo de abandono de las chacras. (Noticias AgroPecuarias)

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