Día del Trabajador Rural: el Estatuto ‘peronista’ y su vínculo con el debate social de la época
El Día se conmemora hoy por el Estatuto del Peón de Campo de 1944 que fue pionero en el debate internacional sobre derechos de los trabajadores rurales y se adelantó a la encíclica Mater et Magistra.
(NAP) Cada 8 de octubre se conmemora en Argentina el Día del Trabajador Rural, una fecha vinculada históricamente con el Estatuto del Peón de Campo de 1944 (mediante el decreto 28.169), impulsado por Juan Domingo Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión.
La norma fijó condiciones mínimas de trabajo, salarios, descanso, vacaciones, alojamiento y asistencia médica para un sector que hasta entonces se encontraba en una situación de fuerte desprotección.
El contador Reinaldo Fasciolo, especializado en contabilidad agropecuaria y entusiasta lector de las encíclicas papales, propuso a NAP mirar aquel proceso más allá de la coyuntura política argentina y ubicarlo dentro de un debate social que también se desarrollaba a escala internacional.
Fasciolo destacó que el llamado Estatuto del Peón Rural se sancionó en un contexto en el que la cuestión de los derechos de los trabajadores rurales comenzaba a ganar espacio en distintos ámbitos. Y encontró un punto de contacto particular con la encíclica Mater et Magistra, publicada en 1961 por el papa Juan XXIII. “No puede hablarse de una influencia directa del Estatuto sobre la encíclica, porque pasaron casi dos décadas. Pero hay una marcada coincidencia en las mismas preocupaciones sociales”, sostuvo.
El documento del papa Angelo Giuseppe Roncalli dedicó especial atención a la situación de los trabajadores rurales y planteó la necesidad de mejorar sus ingresos, garantizar condiciones dignas de vida, ampliar los servicios sociales y sanitarios en las zonas rurales y evitar el éxodo hacia las ciudades.
Para Fasciolo, allí aparece un aspecto que excede la discusión sobre Perón y su gobierno: la capacidad de un país y de sus dirigentes para interpretar los procesos que ocurren en el mundo. “Lo puedo criticar, lo puedo apoyar o no a Perón, lo que sea, pero estaba imbuido en lo que estaba pasando en el mundo. Tenía esa visión de estadista que hace falta para ubicarse donde tenía que estar”, planteó.
En la comparación se ve que muchas de las cuestiones que el Estatuto había abordado en la Argentina (salario, protección social y condiciones de vida y trabajo) reaparecieron en 1961 en la Mater et Magistra como parte de una preocupación de alcance mundial.
Fasciolo consideró que la aparición de la encíclica de Juan XXIII volvió a poner en discusión en la Argentina una cuestión que había quedado parcialmente relegada después de la sanción del Estatuto y más aún tras el derrocamiento de Perón en 1955.
En concreto, para el especialista, el documento papal obligó a volver la mirada sobre la realidad social del trabajador rural y abrió nuevas discusiones dentro de sectores políticos y empresariales, como la Sociedad Rural Argentina (muy crítica en su momento del ‘estatuto peronista’), y de la propia Iglesia argentina.
De ese modo, cuestiones como el salario justo, la protección social y las condiciones dignas de vida y trabajo para los trabajadores rurales dejaban de ser solamente una bandera asociada al peronismo y pasaban a formar parte también de la doctrina social de la Iglesia; la encíclica del ’61 volvía así a poner en discusión derechos que el Estatuto había reconocido casi 2 décadas antes. (Noticias AgroPecuarias)






