El cambio climático puede modificar el mapa frutícola de Europa
Un informe de Rabobank advirtió que el calor, la falta de agua y la reducción de las horas de frío están modificando la aptitud productiva de las principales regiones frutícolas.
(NAP) El aumento de las temperaturas, la menor disponibilidad de agua y la alteración de los ciclos estacionales están haciendo menos predecibles los rendimientos, la calidad y las fechas de cosecha de frutas en Europa: algunas regiones del norte y centro del continente comenzaron a ganar condiciones que históricamente fueron propias del Mediterráneo.
La advertencia surgió de un nuevo análisis de RaboResearch, elaborado por Camila Bonilla Cedrez y Cindy van Rijswick, que estudió el impacto del cambio climático sobre tres grandes grupos de frutas: cítricos, pomáceas —manzanas y peras— y carozos, publicó Portal Frutícola.
El cambio, según Rabobank, no necesariamente implica que Europa vaya a producir menos fruta en términos generales. El problema es que cada vez resulta más difícil saber con anticipación cuánto se producirá, con qué calidad y en qué momento estará disponible.
Cítricos
Es uno de los sectores más expuestos porque su producción está fuertemente concentrada en el Mediterráneo. España aporta entre el 55% y el 60% de los cítricos de la Unión Europea, Italia entre 20% y 25% y Grecia alrededor del 10%.
El informe señala que la producción española de cítricos cayó más de 10% al comparar el promedio 2023-2025 con el período 2013-2015. Al mismo tiempo, muchas zonas productoras mediterráneas ya acumulan más de 80 a 100 días de estrés térmico por verano, considerando como tales las jornadas con máximas superiores a 30°C.
Desde mediados de los años 90, la cantidad promedio de esos días aumentó entre 15 y 20 jornadas. El resultado es una mayor exposición al golpe de sol, daños en la fruta y caída prematura, además de períodos más largos sin lluvias durante etapas críticas del cultivo.
Manzanas y peras
En las pomáceas, el problema no es únicamente el aumento de las temperaturas. Las floraciones se adelantaron entre 10 y 15 días durante las últimas décadas, lo que incrementa la posibilidad de que las etapas más sensibles coincidan con heladas tardías.
A la vez, las altas temperaturas estivales comienzan a adquirir mayor importancia por sus efectos sobre el calibre y la calidad. Un estudio realizado en España y Portugal citado por RaboResearch estimó que el golpe de sol puede reducir los rendimientos entre 10% y 50%, dependiendo del clima, la variedad y el manejo.
En algunas regiones también empieza a preocupar la disminución del frío invernal, que puede afectar la regularidad de la floración y el cuajado.
Frutales de carozo
El fenómeno adquiere especial relevancia en duraznos, nectarines, cerezas y ciruelas.
España, Italia y Grecia concentran más del 90% de la producción europea de duraznos y nectarines, mientras que otros países como Polonia, Rumania y Hungría tienen un peso importante en cerezas y ciruelas.
Estos cultivos necesitan acumular una determinada cantidad de frío durante el invierno para garantizar una brotación y floración normales. Los inviernos más cálidos ya están reduciendo esa acumulación en algunas zonas del sur europeo y las proyecciones apuntan a que el fenómeno se profundizará hacia mediados de siglo.
¿Nuevo mapa productivo?
El escenario abre la posibilidad de una transformación geográfica de la fruticultura europea. RaboResearch proyecta que las condiciones climáticas actualmente asociadas con las principales zonas productoras podrían desplazarse desde sectores del Mediterráneo hacia regiones más frías y continentales del centro y norte de Europa.
Polonia, Serbia y Eslovaquia ya están atrayendo inversiones en nuevos montes de manzanos, favorecidos además por menores costos laborales y la posibilidad de desarrollar producciones de mayor escala y sistemas protegidos.
Pero Rabobank advierte que el cambio climático no hará que las plantaciones simplemente “migren” hacia el norte. Agua, infraestructura, mano de obra, logística, conocimiento técnico, variedades y acceso a los mercados seguirán siendo determinantes.
Invertir y adaptarse
El principal cambio que plantea el informe es económico: adaptarse al clima está dejando de ser una estrategia para reducir riesgos y se está convirtiendo en una condición de competitividad.
Entre las herramientas aparecen el riego de precisión, monitoreo de humedad, protección contra heladas, sistemas de sombra, manejo de copa y prevención del golpe de sol. También ganan importancia el cambio de variedades y portainjertos, la renovación de montes, la diversificación y, en algunos casos, la relocalización de la producción.
El problema es que esas soluciones requieren capital. Los productores con acceso a agua, financiamiento, tecnología y conocimiento tienen mejores posibilidades de adaptarse, mientras que las explotaciones pequeñas, antiguas o con menor rentabilidad podrían verse obligadas a cambiar de cultivo, consolidarse con otras empresas o abandonar la actividad.
En ese escenario, Rabobank plantea una conclusión que trasciende a la fruticultura europea: la diferencia del futuro no estará solamente entre productores expuestos y no expuestos al cambio climático, sino entre quienes puedan adaptarse y quienes no tengan capacidad para hacerlo. (Noticias AgroPecuarias)








