Sierra India: cuando conservar la biodiversidad también mejora la producción

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En el noreste de Uruguay, una de las mayores reservas privadas muestra que el capital natural puede ser en uno de los activos más valiosos de una empresa agropecuaria.

(NAP, por Lola López*) Con unas 2.600 hectáreas y reconocida oficialmente por el Ministerio de Ambiente de Uruguay como una de las mayores reservas privadas del país, Sierra India combina ganadería vacuna orgánica, producción ovina y lana fina con la preservación de más de mil hectáreas continuas de monte nativo, pastizales naturales, humedales y cursos de agua.

Para la ingeniera agrónoma Magdalena Araujo, quien es impulsora del proyecto junto a su esposo, botánico y paisajista, el punto de partida es cambiar la forma de mirar el campo. “No consideramos al monte nativo una superficie improductiva. Es uno de los activos más importantes del establecimiento y el soporte de muchos de los procesos ecológicos que hacen posible la propia actividad agropecuaria.”

Esa mirada se traduce en un concepto cada vez más presente en la agricultura moderna: el capital natural. Los montes regulan el ciclo hidrológico, estabilizan los suelos, reducen la erosión, almacenan carbono y ofrecen refugio a polinizadores y otras especies indispensables para el funcionamiento del sistema productivo.

La producción se apoya principalmente en el campo natural y se basa en un pastoreo planificado, descansos estratégicos, protección de cursos de agua, conservación del monte y un uso muy limitado de insumos externos.

“La biodiversidad es la infraestructura viva que sostiene la producción”.

“Los pastizales naturales muestran una mayor capacidad de recuperación frente a las sequías, además de conservar una enorme diversidad vegetal y una compleja red de microorganismos que mantiene la fertilidad de los suelos”.

El manejo también contempla la incorporación progresiva de sombra mediante especies nativas, mejoras en el acceso al agua y un diseño del paisaje que beneficie simultáneamente el bienestar animal y la biodiversidad.

Aunque el reconocimiento como reserva privada llegó hace apenas tres años, la estrategia de conservación comenzó mucho antes. Hasta el momento, Uruguay no contempla incentivos fiscales específicos para este tipo de iniciativas, por lo que en ese aspecto la apuesta responde a una visión de largo plazo, aunque los beneficios en terreno ya se ven de forma concreta.

“Entendemos que la conservación del monte nativo, el manejo regenerativo de los pastizales, la protección de las nacientes y el fortalecimiento de la biodiversidad funcional constituyen inversiones en capital natural que aumentan progresivamente la resiliencia y la capacidad del sistema productivo”, sostuvo.

Para Magdalena, el desafío es que cada vez más productores incorporen esta lógica sin pensar que conservar implica resignar productividad: “No es necesario transformar todo un campo en una reserva. Proteger un monte nativo o conservar un humedal puede generar un enorme impacto cuando esas acciones se multiplican en el territorio.”

La experiencia de Sierra India propone una forma diferente de medir el éxito de una empresa agropecuaria: no sólo por los kilos producidos o las hectáreas explotadas, sino también por la calidad del agua que conserva, el carbono que retienen sus suelos, la biodiversidad que alberga y la capacidad del establecimiento para seguir produciendo frente a un clima cada vez más incierto. En definitiva, una demostración de que proteger la naturaleza puede ser también una estrategia para producir mejor. (Noticias AgroPecuarias)

*Periodista @lola.fantasma. Publicado en La France Agricole.

 

@reserva_sierra_india

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