Rosario cumple 25 años construyendo un modelo de alimentos ‘km 0’ y cinturón verde urbano
Comenzó como una respuesta social a la crisis de 2001 y terminó convirtiéndose en uno de los modelos de agricultura urbana y periurbana más reconocidos de América Latina.
(NAP) El Programa de Agricultura Urbana de Rosario nació a fines de los años ’90 y tomó impulso durante la crisis económica y social de 2001, cuando las huertas urbanas aparecieron como una alternativa para garantizar alimentos y generar ingresos en sectores vulnerables.
Con el tiempo, la iniciativa evolucionó hacia un esquema mucho más amplio, basado en la producción sustentable de alimentos frescos dentro y alrededor de la ciudad.
Actualmente, el proyecto rosarino integra huertas urbanas, parques huerta, quintas agroecológicas periurbanas, ferias de cercanía, mercados locales, y un cinturón verde orientado a preservar suelo productivo frente al avance urbano.
El objetivo ya no es solamente social. Rosario comenzó a pensar la producción alimentaria como parte de su infraestructura estratégica,
Esto entendido en un contexto marcado por el cambio climático, el aumento de los costos logísticos y la necesidad de construir ciudades más resilientes.
Del asistencialismo a la soberanía alimentaria
Uno de los cambios más profundos del programa fue el pasaje desde las huertas sociales hacia un sistema de producción periurbana más estructurado. Técnicos y funcionarios locales describen ese proceso como “el salto de la huerta a la quinta”.
La ciudad impulsó así el proyecto Cinturón Verde – Producción Sustentable de Alimentos, basado en principios de agroecología y circuitos cortos de comercialización. La lógica apunta a reducir la distancia entre producción y consumo, fortaleciendo los llamados alimentos “km 0”.
El modelo promueve producción local de frutas y hortalizas, menor dependencia logística, reducción de emisiones, alimentos frescos de cercanía, y protección de áreas periurbanas productivas.
Al mismo tiempo, la experiencia rosarina abrió una discusión que hoy empieza a aparecer en otras grandes ciudades argentinas: cuánto de los alimentos frescos puede producir una ciudad dentro de su propia región metropolitana.
Con los años, Rosario pasó de ser una experiencia social local a transformarse en un caso de estudio internacional sobre resiliencia urbana y sistemas alimentarios sustentables. En 2021, el proyecto recibió un reconocimiento del World Resources Institute (WRI), que destacó la política rosarina por su impacto ambiental, social y productivo.
Además, universidades, organismos técnicos y especialistas en urbanismo comenzaron a analizar el caso como un ejemplo de integración entre ambiente, urbanismo, producción agroalimentaria, y política pública.
El modelo también pone sobre la mesa un debate cada vez más sensible en las grandes ciudades: el avance inmobiliario sobre tierras productivas periurbanas y la necesidad de preservar espacios agrícolas estratégicos cerca de los centros de consumo.
Durante décadas, los cinturones verdes fueron vistos simplemente como el “borde rural” de las ciudades. Rosario buscó cambiar esa mirada.
Hoy, el periurbano aparece como un espacio clave para producir alimentos frescos, amortiguar impactos climáticos, conservar superficies absorbentes, reducir temperaturas urbanas, y generar empleo local.
La experiencia rosarina también se apoya en una fuerte transición hacia la agroecología periurbana, especialmente en áreas cercanas a zonas urbanizadas. (Noticias AgroPecuarias)








