Economías regionales: frutas y hortalizas en un ‘momento bisagra’ por costos y tipo de cambio
Este complejo productivo regional atraviesa un momento de transformación estructural, según un trabajo de la Fundación Mediterránea.
(NAP) El complejo productivo de frutas y hortalizas regionales en Argentina atraviesa un momento de transformación estructural, marcado por una mezcla de desafíos persistentes y nuevas oportunidades, de acuerdo con el informe de la Fundación Mediterránea.
El documento destaca que estas producciones continúan siendo un pilar de las economías regionales, sosteniendo actividades productivas clave en distintas zonas del país. Sin embargo, también resalta una tendencia declinante en varios segmentos, especialmente en productos frescos, donde se observa una baja participación argentina en el comercio mundial en la última década.
Según la Fundación, el cambio en el régimen macroeconómico —caracterizado por una mayor estabilidad, menor inflación y previsibilidad— ofrece una ventana de oportunidad para planificación de largo plazo e inversión en herramientas como riego, protección climática, frío industrial, mecanización y trazabilidad. Estas mejoras podrían ser clave para revitalizar el sector si se logra capitalizar.
No obstante, el informe firmado por Jorge Day responsable de la Sección Regional advierte que este entorno también impone nuevas exigencias. Un tipo de cambio real más bajo complica la competitividad internacional, particularmente en productos intensivos en mano de obra y logística, como las frutas frescas, que enfrentan mayores costos y desafíos operativos.
El sector se encuentra, así, ante un dilema estructural: por un lado, los productos frescos pueden lograr mejores precios aprovechando la contraestación, pero con mayores costos de logística y perecibilidad; por otro, los elaborados ofrecen mayor estabilidad operativa, aunque compiten en mercados saturados con márgenes ajustados.
El informe analiza el impacto de los acuerdos comerciales con grandes socios como Estados Unidos y la Unión Europea, que benefician principalmente a productos elaborados como jugos, aceites esenciales y legumbres procesadas.
En cambio, los beneficios de los acuerdos comerciales para los productos frescos son más limitados y continúan condicionados por los costos logísticos y las exigencias sanitarias.
Además, la apertura comercial podría intensificar la competencia en el mercado interno y afectar la inserción externa, especialmente en mercados relevantes como Brasil.
Para que la mayor estabilidad macroeconómica se traduzca en un crecimiento sostenido del sector, el informe subraya la necesidad de políticas que: reducir distorsiones de costos; mejorar la infraestructura logística; facilitar financiamiento a largo plazo; gestionar la apertura comercial sin erosionar mercados clave.
Estas acciones, según la Fundación Mediterránea, son las que pueden ayudar a que el complejo frutihortícola nacional recupere dinamismo, competitividad y participación en los mercados globales. (Noticias AgroPecuarias)









