Planificar el pastoreo mejora la rentabilidad ganadera y ayuda a recuperar los pastizales
El manejo planificado del pastoreo permite recomponer pastizales naturales, mejorar indicadores productivos y frenar la pérdida de biodiversidad, sin resignar rendimiento ni eficiencia económica.
(NAP) La ganadería vuelve a posicionarse como una herramienta para la sustentabilidad productiva, a partir de evidencias técnicas que muestran que un manejo adecuado del pastoreo mejora la rentabilidad y también contribuye a restaurar funciones ecológicas esenciales de los pastizales.
En ese marco, el proyecto internacional CurveBend, que integra investigadores de Argentina, Países Bajos, Kenia y Tanzania, avanza en la identificación de estrategias de manejo ganadero capaces de combinar producción y conservación, con foco en la planificación del pastoreo y el respeto de los tiempos de recuperación del forraje.
El pastoreo como proceso regenerativo
Según explicó Rodrigo Tizón, investigador del INTA Bordenave e integrante de la iniciativa, el ajuste de la carga animal, los descansos estacionales y la planificación adaptativa del pastoreo en pastizales naturales generan mejoras tanto productivas como ambientales.
“El pastoreo bien planificado actúa como un proceso regenerativo: estimula nuevos brotes, redistribuye nutrientes y promueve interacciones positivas entre especies”, señaló.
Entre los principales beneficios observados se destacan una mejor infiltración del agua, el aumento de la materia orgánica del suelo y una mayor presencia de plantas nativas, especialmente gramíneas perennes de raíces profundas, que aportan estabilidad y reducen la vulnerabilidad frente a sequías.
Medir para decidir mejor
El trabajo técnico incluye además el desarrollo de indicadores de salud de los pastizales, fundamentales para ajustar las decisiones de manejo. Se evalúan variables como riqueza florística, estructura de la vegetación, cobertura verde y propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo.
Estos indicadores permiten anticipar procesos de degradación, evitar la sobrecarga animal y sostener la productividad sin comprometer el recurso forrajero en el largo plazo.
Una iniciativa con alcance global
El proyecto CurveBend, financiado por la Dutch Research Council (NWO) y con vigencia entre 2025 y 2032, tiene como objetivo promover prácticas ganaderas que mejoren la biodiversidad sin afectar los niveles productivos.
De acuerdo con Manuela Fernández, investigadora de la EEA Bariloche del INTA, uno de los ejes centrales es el manejo ganadero regenerativo, basado en una planificación flexible del pastoreo que favorezca la recuperación de los pastizales y la regeneración de la vegetación nativa.
Otro aspecto clave del trabajo es la conservación de árboles maduros en bosques nativos, fundamentales para sostener hábitats, regular el microclima y mantener la diversidad de aves e insectos.
Realidades regionales, un mismo desafío
En la Argentina, el proyecto se desarrolla en regiones donde la ganadería se apoya en bosques y pastizales nativos. En Entre Ríos predominan los bosques del Espinal, con especies como ñandubay, algarrobo negro y espinillo, cuya dinámica depende tanto del suelo como del manejo ganadero.
En el sudoeste bonaerense, en cambio, el paisaje original de pastizales abiertos se redujo de manera significativa por el avance agrícola y la intensificación productiva, lo que refuerza la necesidad de estrategias de manejo más cuidadosas.
Producción y conservación, el nuevo equilibrio
Durante los últimos meses, técnicos, productores y especialistas del INTA impulsaron talleres y espacios de intercambio con organizaciones locales, con el objetivo de fortalecer sistemas ganaderos más resilientes y eficientes.
“La meta es clara: frenar la pérdida de especies y, en el mediano plazo, revertir esa tendencia, consolidando una ganadería que integre producción y conservación”, concluyó Fernández.
En el país participan investigadores del Inta en Entre Ríos, Buenos Aires y Río Negro, junto con especialistas del Conicet y universidades nacionales, en articulación con la Universidad de Groningen, de los Países Bajos. (Noticias AgroPecuarias)
Imagen: Gentileza INTA Bordenave









