Emisión de Metano: qué dicen los feedloteros en su defensa

Spread the love

La CAF aseguró que el metano de las eyecciones de la bovina no tiene el mismo impacto ambiental que el de origen fósil y que su contribución al calentamiento global está sobredimensionada.

(NAP) El debate por el impacto ambiental de la ganadería se instaló con fuerza en la agenda pública tras la presentación de un proyecto de ley que propone gravar las emisiones de gases de efecto invernadero del sector, con especial énfasis en los sistemas de feedlot.

Desde la Cámara Argentina de Feedlot rechazaron con dureza la iniciativa y sostienen que parte de un diagnóstico ambiental equivocado. Para el sector, el principal error del proyecto es que “equipara el metano generado por los bovinos con las emisiones de origen fósil” sin distinguir su origen ni su comportamiento dentro del ambiente.

“No es una medida ambiental seria”, afirmó la CAF, y señaló que se trata más de un nuevo régimen recaudatorio que de una política efectiva para mitigar el cambio climático.

La diputada por la provincia de Buenos Aires, Lucía Klug, sostuvo que la producción de gas metano de las vacas contribuye al calentamiento global y consideró “muy serio” el problema de las emisiones provenientes de la fermentación entérica y el estiércol.

Defendió su propuesta —la Tasa Ambiental sobre el Metano en Buenos Aires (Tamba)— como una medida ambientalista, no un mero impuesto, basada en el principio de “Responsabilidad Extendida del Productor”.

En su proyecto, plantea que los productores deberían presentar un plan para mitigar las emisiones, por ejemplo modificando la alimentación del ganado —más hierbas o alfalfas en lugar de granos— o priorizando la cría en “campos abiertos” en lugar de feedlots. 

Klug también destacó experiencias de reconversión: mencionó que algunos feedlots podrían transformarse en plantas de biogás, lo que, a su juicio, daría una salida productiva con menor impacto ambiental.

Finalmente, defendió que su propuesta no busca castigar a los productores, sino promover una “política de vanguardia” para regular emisiones en un país con fuerte tradición ganadera, y que la tasa sería proporcional a la capacidad productiva, no igual para un pequeño productor y para un gran feedlot.

Metano biogénico vs. metano fósil

Uno de los ejes centrales de la defensa feedlotera es la “diferenciación entre el metano biogénico y el metano proveniente de combustibles fósiles”. Según explican, el metano que emiten los rumiantes forma parte de un ciclo natural del carbono: el carbono es captado por las plantas mediante la fotosíntesis, consumido por los animales, liberado a través de la fermentación ruminal y luego vuelve a incorporarse al sistema vegetal.

Desde esta mirada, el proceso “no suma carbono nuevo a la atmósfera”, sino que recicla el que ya existe, a diferencia del petróleo, el gas o el carbón, que liberan carbono “fósil” que estuvo millones de años almacenado bajo tierra. Por eso, consideran incorrecto atribuirle a la ganadería el mismo nivel de impacto ambiental que a otras actividades altamente dependientes de la quema de combustibles.

Los feedloteros afirmaron que quienes impulsan este tipo de proyectos “desconocen conceptos como captura de carbono, balance de emisiones o huella ambiental real”, y que no contemplan la complejidad de los distintos sistemas productivos.

En ese sentido, advierten que aplicar un impuesto uniforme por cantidad de cabezas o por supuestos niveles promedio de emisión “no refleja la realidad ambiental de cada sistema” y termina siendo una herramienta imprecisa y, a su entender, injusta.

Lejos de presentarse como una actividad altamente contaminante, el sector asegura que el feedlot, bajo manejo técnico adecuado, puede “reducir la huella ambiental relativa de la producción de carne”. Argumentan que la eficiencia en el uso de los recursos, el control sanitario, la trazabilidad y la optimización de las dietas permiten producir más carne en menos tiempo, reduciendo las emisiones por kilo producido.

Además, sostienen que el sistema intensivo puede “complementarse con esquemas agrícolas y de reciclado de nutrientes”, donde los efluentes se utilizan como fertilizantes, cerrando circuitos productivos y ambientales.

Desde la CAF también remarcan que poner el foco casi exclusivamente sobre la ganadería resulta “desproporcionado”, cuando existen otras actividades —como el transporte, la industria o la gestión de residuos— que generan “emisiones permanentes y de origen fósil”, con un impacto directo y acumulativo sobre el clima.

El impacto productivo y social del impuesto

Aunque el debate se plantea en términos ambientales, el sector advierte que el efecto real de un impuesto de este tipo sería “económico y social”. Según explican, una nueva carga impositiva sobre la ganadería afectaría la competitividad, encarecería los costos de producción y pondría en riesgo el empleo en las zonas rurales.

“Se termina penalizando a una actividad que produce alimentos, genera trabajo y aporta al desarrollo del interior”, sostienen, al tiempo que alertan que el mayor costo podría trasladarse al precio final de la carne.

El sector feedlotero busca dejar claro que, desde su perspectiva, el rol ambiental de la ganadería, especialmente del engorde a corral, “no puede analizarse de manera simplista ni con esquemas impositivos automáticos”. Insisten en que cualquier política ambiental debe basarse en criterios científicos, diferenciando el origen de las emisiones y evaluando los sistemas productivos en su conjunto. (Noticias AgroPecuarias)

También le puede interesar...