Milei insiste con una Ley de Semillas que garantice la propiedad intelectual para las inversiones biotecnológicas
El Presidente busca desmantelar el andamiaje estatal que regula la propiedad intelectual, apostando a un esquema de libre mercado donde el acuerdo entre privados reemplace la intervención del Inase.
(NAP) “Si no tuviéramos regulaciones idiotas sobre semillas, produciríamos el doble”, dijo el presidente Javier Milei durante su disertación en la Bolsa de Comercio de esta ciudad para volver sobre el tema que anticipó una de las líneas del Gobierno en materia agroindustrial en su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso el pasado 1 de marzo.
Con un lenguaje enfocado en la desregulación, el mandatario calificó de “cavernícolas” a las leyes que hoy rigen el mercado de semillas en Argentina – la ley actual es de 1972-y prometió eliminarlas para potenciar la productividad nacional.
Milei vinculó el actual estancamiento de los rendimientos con la falta de seguridad jurídica para los las empresas desarrolladoras de semillas con tecnologías de última generación. Para el Presidente, el respeto irrestricto a la propiedad intelectual es la única vía para que los productores locales accedan a la misma tecnología que hoy utiliza Brasil.
En otro tramo de su exposición, Milei cargó contra las restricciones ambientales que, según su visión, frenan el desarrollo productivo. “Si les hicieran caso a los ambientalistas, no podrían tocar nada en la tierra. Se mueren”, afirmó, subrayando que su gestión priorizará la “explotación racional y el progreso” por sobre lo que denominó “ambientalismo idiota”.
En cuanto a los reclamos del sector por la presión impositiva, Milei mantuvo su postura de gradualismo fiscal. Si bien ratificó el compromiso de eliminar los derechos de exportación (DEX), volvió a condicionar la medida a la consolidación del superávit financiero. “Tarde o temprano vamos a derrotar la inflación y el riesgo país se va a desmoronar; ahí el crecimiento será imparable”, vaticinó ante el auditorio.
“Uso propio”, el frente de batalla con los productores
La mayor resistencia al plan oficial proviene de las organizaciones de productores, quienes defienden el concepto de “uso propio” gratuito como un derecho adquirido e innegable del agricultor.
Para las entidades ruralistas, la posibilidad de reservar parte de su cosecha para la siembra de la campaña siguiente es una práctica histórica que garantiza la autonomía productiva.
Argumentan que el pago por la tecnología ya se realiza al adquirir la semilla fiscalizada por primera vez y que un esquema de pago perpetuo por cada ciclo de siembra representaría una transferencia de ingresos desmedida hacia las empresas semilleras.
Por su parte, el Gobierno y las cámaras que agrupan a los obtentores consideran que este sistema quedó obsoleto frente a la complejidad de la biotecnología moderna. Sostienen que, sin un mecanismo que garantice el cobro de regalías en cada uso, Argentina seguirá rezagada en el acceso a innovaciones que ya se aplican en otros países de la región. (Noticias AgroPecuarias)









