‘Bancarrota hídrica’: el estrés de agua amenaza a 170 mill/ha de cultivos en el mundo
Un informe científico global advierte que las sequías ponen en riesgo vastas extensiones de agricultura irrigada, compromete la seguridad alimentaria y presiona los mercados internacionales.
(NAP) Un análisis reciente de científicos de la Universidad de las Naciones Unidas señala que más de 170 millones de hectáreas de tierras de cultivo irrigadas están sometidas a niveles de estrés hídrico “alto” o “muy alto”, una superficie equivalente a países como Francia, España, Alemania e Italia juntos.
Esta situación forma parte de lo que los expertos denominan una “bancarrota hídrica global”, producto de décadas de uso excesivo, la degradación de acuíferos, ríos y humedales, y las presiones del cambio climático.
El estrés hídrico ocurre cuando la demanda de agua supera la disponibilidad real, tanto en cantidad como en calidad, lo que limita la capacidad de los cultivos para absorber el agua necesaria para su crecimiento. Es un fenómeno que no solo afecta la producción agrícola, sino también la seguridad alimentaria y la resiliencia económica de regiones enteras.
Según el informe publicado por Reuters, las pérdidas económicas asociadas a la degradación de tierras, el agotamiento de aguas subterráneas y el cambio climático podrían rondar los 300.000 millones de dólares por año, con impactos que ya se sienten en varios sectores ligados a la producción de alimentos y bienes básicos.
Los expertos advierten que la crisis hídrica es resultado de variaciones climáticas naturales y de prácticas humanas, como la sobreexplotación de acuíferos, la contaminación del agua y una gestión hídrica insuficiente o ineficiente. En este contexto, metafóricamente se habla de “bancarrota” porque muchos sistemas de agua están operando sin equilibrio entre extracción y recarga, comprometiendo su capacidad de recuperación.
El fenómeno repercute en múltiples regiones del planeta: desde sequías severas que reducen la disponibilidad de riego para cultivos en zonas productivas, hasta la disminución de agua dulce disponible para consumo humano y usos industriales. El uso intensivo de agua por la agricultura—que representa alrededor del 70 % del consumo de agua dulce del planeta—la coloca en el centro del desafío de gestionar sosteniblemente este recurso vital.
La advertencia de los científicos pasa por señalar que sin una transición hacia prácticas agrícolas más inteligentes en el uso del agua y una política global de gestión sostenible, la escasez hídrica no solo continuará expandiéndose, sino que también podría desencadenar efectos aún más severos sobre la producción de alimentos, los precios internacionales y la estabilidad social en diversas regiones. (Noticias AgroPecuarias)









