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	<title>riesgos &#8211; Noticias AgroPecuarias</title>
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	<description>NAP es un sitio de noticias especializado en el mundo agropecuario y de la alimentación, con base en Argentina</description>
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		<title>El riesgo climático obliga al agro a repensar su estrategia de negocio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Bustos]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Sep 2026 11:17:42 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El riesgo climático ya no es solo una amenaza para los rindes: también impacta sobre los seguros, el acceso al crédito, las decisiones de inversión y la rentabilidad del agro.&#46;&#46;&#46;]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>El riesgo climático ya no es solo una amenaza para los rindes: también impacta sobre los seguros, el acceso al crédito, las decisiones de inversión y la rentabilidad del agro.</em></strong><span id="more-106369"></span></p>
<p><strong>(NAP, por Lara Colombo*)</strong>El agro argentino está acostumbrado a convivir con la incertidumbre. La variabilidad en los precios, los costos de financiamiento y los cambios regulatorios forman parte del día a día del productor. Sin embargo, hay un factor que gana protagonismo año tras año y que amenaza con redefinir las reglas del negocio: el riesgo climático. La Universidad Austral viene siguiendo de cerca esta transformación.</p>
<p><strong> La Encuesta de Necesidades del Productor Agropecuario (ENPA) y el Ag Barometer del Centro de Agronegocios y Alimentos ya muestran indicios de que los factores climáticos se convertirán en el principal desafío para los próximos años,</strong> independientemente de la escala de la explotación.</p>
<p>En el agro,<strong> los fenómenos climáticos extremos como sequías, inundaciones o altas temperaturas pueden afectar severamente los rindes, y</strong> con ello comprometer ingresos, capacidad de repago, el acceso al crédito y la rentabilidad para el productor y para toda la cadena de valor.</p>
<p>Ejemplos de esto fueron el fenómeno de sequía que se encadenó por tres campañas seguidas entre 2020 y 2023 o el impacto brutal de la chicharrita en la campaña 23/24. Por eso, es momento de empezar a integrar el riesgo climático desde nuevas perspectivas.</p>
<p><strong>El riesgo climático amplifica el riesgo productivo</strong></p>
<p>Cuando un evento extremo golpea el rendimiento de un cultivo, <strong>las consecuencias no terminan en el lote, se trasladan a otros segmentos de la economía.</strong> En particular, cuanto más impredecibles e intensos son los eventos climáticos,<strong> las compañías aseguradoras encuentran mayores dificultades para estimar pérdidas y diseñar coberturas</strong>. Como resultado, las primas aumentan o ciertos productos no se ofrecen.</p>
<p>Sin seguros adecuados, <strong>el acceso al crédito se vuelve más complejo y costoso</strong>. La presión se traslada entonces al sistema financiero. <strong>El resultado final recae sobre el productor, que paga más caro cada préstamo y cada póliza,</strong> y sobre la economía en general, que ve enfriarse la producción y la inversión en sectores dinámicos.</p>
<p>Por eso, <strong>cada peso que se invierte en reducir vulnerabilidades frente al clima no es un gasto ambiental aislado: es una inversión para bajar costos financieros, estabilizar al sector y destrabar crecimiento.</strong></p>
<p><strong>Del recurso natural al capital natural</strong></p>
<p>Frente a este escenario emergen nuevas preguntas: ¿cómo ajustar estrategias de producción cuando los eventos climáticos son más intensos, frecuentes y difíciles de anticipar? En ese sentido, ¿estamos mirando a la naturaleza de la forma correcta?</p>
<p>Históricamente, <strong>el suelo, el agua y otros recursos naturales fueron percibidos como bienes disponibles e inagotables</strong>, para ser utilizados en la producción sin límites. Esa mirada hoy muestra sus costos.</p>
<p><strong>Cerca de la mitad de la economía mundial depende de manera directa de la naturaleza, y prácticamente toda la producción de alimentos depende de la salud del suelo.</strong> Cuando ese capital se degrada, no se resiente solo el campo: se resiente la economía entera.</p>
<p>Este cambio de paradigma empieza a ganar terreno: <strong>dejar de pensar la naturaleza como un recurso que se explota y empezar a tratarla como un activo económico y, al mismo tiempo, un organismo vivo capaz de regenerarse si se lo gestiona bien</strong>. El suelo, bajo esta lógica, no es una superficie sobre la que se siembra: es un sistema biológico que puede recuperarse, fortalecerse y volverse más resistente. O, por el contrario, puede agotarse hasta perder su capacidad productiva si no está bien gestionado.</p>
<p>Cuando el capital natural se deteriora, también se deteriora la capacidad del sistema productivo para resistir y recuperarse frente a eventos climáticos adversos. El efecto amplificador del riesgo climático sobre el riesgo productivo es sistémico: el acontecimiento climático es el disparador, pero sus consecuencias finales dependen de la historia y las condiciones actuales en las que se encuentra el propio sistema. Un suelo saludable, una adecuada gestión del agua y una mayor biodiversidad pueden aumentar la capacidad de un campo para absorber y recuperarse de determinados shocks.</p>
<p>Pensar la naturaleza como capital natural implica reconocer que la rentabilidad futura depende, en buena medida, de la calidad de los activos ambientales disponibles hoy.</p>
<p><strong>Tecnología para la gestión de riesgo</strong></p>
<p>En este contexto, la tecnología aparece no como una promesa abstracta sino como una herramienta concreta en manos del productor para gestionar riesgos.</p>
<p><strong>Las tecnologías digitales, de precisión y las prácticas regenerativas suelen asociarse a mejoras de eficiencia y reducción de costos.</strong> Sin embargo, su aporte de valor es mucho más amplio cuando se las analiza desde la perspectiva de las funciones ecosistémicas que ayudan a fortalecer.</p>
<p>La pregunta clave es qué desafío contribuye a resolver cada tecnología. ¿Ayuda a mejorar la retención de agua? ¿Reduce la erosión? ¿Favorece la biodiversidad? ¿Contribuye a recuperar la salud del suelo? Esta mirada permite construir sistemas productivos más robustos, resilientes y capaces de absorber un shock climático en lugar de quebrarse frente a él.</p>
<p>Sin embargo,<strong> la evidencia muestra que muchos productores todavía no identifican plenamente estas prácticas como herramientas de gestión del riesgo.</strong> Superar esa brecha exige también un cambio de rol.</p>
<p>El desafío para el productor <strong>es pasar de una lógica centrada en la explotación de recursos a una visión empresarial orientada a la gestión del capital natural, buscando maximizar su rendimiento y servicios ecosistémicos en el tiempo</strong>, sabiendo que, si lo agota, agota también su propio negocio. Esto significa tomar decisiones pensando no solo en la próxima campaña, sino en el largo plazo.</p>
<p>Avanzar en esa dirección requiere mayores instancias de capacitación, servicios de extensión, acompañamiento, acceso a información y, sobre todo, un paquete de incentivos adecuados. Si preservar y regenerar el capital natural produce beneficios para toda la sociedad, esos beneficios deben ser reconocidos en las reglas económicas que orientan las decisiones privadas.</p>
<p>La discusión que hoy atraviesa al agro argentino forma parte de una tendencia global. Gobiernos, empresas y mercados financieros observan con creciente preocupación los riesgos climáticos y sus implicancias económicas. <strong>La Encuesta de Percepción de Riesgos del Foro Económico Mundial (2025) ubicó a cinco riesgos ambientales entre los diez más relevantes a nivel global, y el sector privado señaló a los eventos climáticos extremos como principal amenaza para los próximos años. América Latina y el Caribe, además, aparece como la región más preocupada por los riesgos climáticos.</strong></p>
<p>Los relevamientos de la Universidad Austral refuerzan esta tendencia y enfatizan que, <strong>si bien los productores perciben el riesgo climático con claridad, todavía no logran traducirlo en estrategias concretas de gestión.</strong> Cerrar esa brecha entre la percepción de riesgo y su gestión es un gran desafío que tiene por delante el sector.</p>
<p>El Niño volverá a poner a prueba al campo argentino, pero también, como cada fenómeno climático extremo, <strong>puede convertirse en un incentivo para acelerar un cambio que ya está en marcha</strong>. La pregunta no es solo cómo resistir esta temporada, sino qué tipo de agro se quiere construir para las próximas. Transformar la amenaza en oportunidad significa animarse a pensar los activos naturales no como límites a sortear, sino como el capital sobre el que se construye la productividad, la rentabilidad y el crecimiento sostenible. Cuidar la naturaleza ya es parte del negocio.<strong>(Noticias aAgroPecuarias)</strong></p>
<p><strong>(*) <em>Lara Colombo es Economista especializada en análisis ambiental y financiamiento climático. Es investigadora del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, donde trabaja en el análisis económico del sector agropecuario, sustentabilidad y gestión de riesgos.</em></strong></p>
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